Escritura
La escritura y la escultura nacen del mismo gesto: escuchar antes de intervenir. Lo que no cabe en la forma lo recoge el verso. Lo que el verso no puede sostener lo recibe la materia.
Poemario I
Desertar construyendo
Veintidós poemas construidos desde el taller. Cada poema lleva el nombre de un gesto: el que busca, el que desnuda, el que lava, el que da forma, el que yerra, el que expone.
La herramienta y el verso comparten la misma economía. La soldadura deja cicatriz. El poema también. Lijar, taladrar, pulir, esperar — cada acto del escultor se vuelve metáfora de la escritura, y al revés.
Un libro sobre el proceso creativo escrito desde dentro del proceso.
Del poemario
El que busca
Os abandonan bajo la maleza.
Al fondo del bancal
como si fuerais eso:
un simple desperdicio.
Soy el ladrón que deambula
entre guerreros centenarios
de retorcidos cuerpos.
Busco en vuestras heridas
la posibilidad de algún olvido.
El que yerra
El error es la grieta por donde entra la luz:
son gajes, heridas que el tiempo remienda.
Pero hay un descuido que no perdona:
la sordera frente a la materia.
el hierro guarda memoria de su forja,
el olivo recuerda cada sequía,
el acero arrastra señales de recorte.
Tú llegas después.
Rescatador o verdugo.
La diferencia está en la escucha.
Poema épico
Pared de la Memoria
Una expedición militar extraviada en el páramo encuentra a un pueblo sin armas: desertores que eligieron la construcción sobre la destrucción. Los acogen sin preguntar.
Ul Mör narra, en siete cantos, la fundación de esa civilización nómada: desde la renuncia a las armas hasta la edificación de una ciudad cuyas fachadas se convierten en el libro vivo de su memoria.
Un poema épico con su propia mitología, su glosario de términos, sus mapas. Una obra donde el mör — la gran pared de la memoria — es a la vez escritura y escultura, forma y testimonio.
Del poema
El encuentro
Quedamos quietos.
También las bestias
En mitad del páramo
dos hombres aguardaban.
Pies al suelo
Manos en la brida
Hombres curtidos temerosos
Las bestias cabecean
El miedo se espesa
como niebla cerrada.
Uno de ellos alzó la mano
El otro imitó el gesto
y nos animó a avanzar.
Del origen · Ser pueblo
No nacimos pueblo
Éramos perdedores,
náufragos del páramo.
Seremos
si todos somos.
Ser luz:
Una estrella no hace el cielo,
pero sin ella
faltaría su luz.
Somos tránsito
Cambio
Huella.
Texto de serie
Una reflexión sobre el proceso creativo
Un tríptico escultórico mural compuesto por tres piezas — Inercia, Impulso y Desplazamiento — que representan estados distintos del movimiento, entendido no como acción física observable sino como tensión interior, condición emocional o memoria matérica.
El proyecto articula una narrativa de energía contenida, latente y liberada a través de materiales reciclados, estructuras tensadas y superficies trabajadas. Establece un diálogo entre la física y el proceso creativo.
Las tres obras forman una secuencia que puede leerse como una frase escultórica de tres palabras: tensión, vibración, huella.
Del texto
Inercia
La energía está presente, pero negada. El metal no fluye, se traba. El triángulo de acero inoxidable aparece firme, central, como estructura encerrada.
Todo permanece, todo resiste. Es el peso del reposo.
Impulso
Todo está por suceder. La energía no se libera aún, pero ha roto la estructura del tiempo. Las agujas del reloj se han desprendido, la medida se ha disuelto.
El impulso ha detenido el mundo, suspendido en su vértice más intenso. El tiempo ya no avanza: vibra.
Desplazamiento
El desplazamiento ya no es impulso: es memoria inscrita. Las formas hablan del paso de la energía, de lo que fue y dejó huella.
La materia recuerda.
Poema
Hay un silencio
que hace del tiempo materia,
y te ocupa
y te pesa.
Enmudeces con él,
aguardas el gesto
que resquebraje el óxido,
la vibración que te sacuda el alma,
el caos que sublime el tiempo.
Ligero, acomodas las piezas
hasta encontrar en la forma
el sutil pensamiento
que te mantuvo en vela
y ahora te observa.
Texto de serie
La devastación como lenguaje
El fuego arrasa en silencio y con estrépito. No distingue fronteras, no respeta límites, no entiende de nombres ni de memoria. Avanza sobre colinas, barrancos y senderos antiguos, arrastrando consigo todo lo que encuentra.
Ecos del Fuego nace de esa devastación, pero también del impulso de no olvidar. Cada pieza es un fragmento de memoria material, un registro poético de lo que el fuego borra y de lo que persiste.
Las placas hablan del silencio posterior, del contraste entre la desolación y el leve inicio de la vida que, obstinada, brota entre restos quemados.
Del texto
Fuego
El árbol central, construido con alambres retorcidos y oscuros, se erige como un testigo carbonizado, símbolo de resistencia y fragilidad al mismo tiempo.
El metal pulido, trabajado como espejo. La pregunta esencial: ¿qué papel jugamos en esta destrucción?
Amanecer
El sol negro, denso y opaco, flota sobre un cielo trabajado con un pulido violento, casi desgarrado. No hay presencia de vida, solo el eco de lo que existió.
El amanecer no es aquí luminoso, sino incómodo, obligado, como una respiración que se abre paso entre cenizas.
Ausencia
En Ausencia la devastación no grita: murmura. La obra no muestra la violencia del fuego, sino lo que permanece después: la nada.
La tierra, impregnada de cenizas, es el testimonio mudo de lo que hubo.
Brotes
La vida insiste, incluso sobre las cenizas. El acero, rígido por naturaleza, dibuja el futuro con un gesto delicado.
Brotes es la respuesta íntima al dolor de la pérdida. La regeneración nunca es estruendosa: comienza en silencio.
Texto de serie
Insurrección poética
Saboteo el sistema con palabras serenas. Ante la saturación de información y la hiperactividad insoportable, propongo detenerse.
La serie nace de la convicción de que el arte puede ser un acto de resistencia silenciosa. No la protesta que grita, sino la que construye desde los desechos del propio sistema que critica.
Materiales rescatados de la obsolescencia tecnológica — placas base, circuitos, jeringas — ensamblados en nuevas formas que interrogan nuestra relación con la máquina y el control.
Del texto
Virus
Una placa madre de ordenador forma la silueta de una cabeza. Desde ella crecen árboles neuronales dibujados en blanco, mientras jeringas la atraviesan en distintos ángulos.
El sistema infectado por su propia lógica. Sabotear el código desde dentro.
Caos
El orden que se deshace. La estructura que ya no puede contenerse a sí misma.
El caos no como ausencia de forma, sino como forma que ha superado su propio límite. Segunda pieza de la insurrección.
Manifiesto
Matan sin permiso.
La madre es la madre.
Quien hiere sin pedir perdón
no es digno de la vida.
No hay paz
si uno deja de ser
bosque.
Paisajes de Guerra
Fijo estos territorios antes de que desaparezcan en el flujo continuo de las imágenes. Cada pieza es un intento de interrumpir ese borrado.
Ecos del Fuego
El fuego calcinó hasta el silencio, / la memoria se tornó ceniza. / ¿Quién frenará su sed? / Solo el fuego a sí mismo se devora.
Cartografía del Movimiento
No se trata de representar el movimiento, sino de comprender cómo lo invisible nos impulsa a la acción.
Sabotaje
Saboteo el sistema con palabras serenas. Ante la saturación de información y la hiperactividad insoportable, propongo detenerse.
Ferrum
Sobre el suelo son cuerpos sucios: chatarra. Comprender cómo dialogan entre ellos, encontrar la luz, la geometría en sus encajes.
Tierra
Mis manos hacen y mi cerebro calla. Atento a sus formas, intento comprender lo que guarda su memoria y darles otra oportunidad de brillar.