V · Paisajes de Guerra
Susan Sontag lo advirtió: no debería suponerse un «nosotros» cuando miramos el dolor ajeno.
Yo no soy ellos. No estuve en Minab aquella mañana. No perdí a un hijo en el aula. Miro desde el taller, desde una distancia que ninguna soldadura puede cerrar.
Pero miro. Y negarse a apartar la vista ya es una forma mínima de justicia.
Las 180 marcas sobre el acero no pretenden hablar por nadie. No son símbolo, no son homenaje. Son un registro material, obstinado, que no se apaga con el siguiente titular.
Hay tres posiciones frente al dolor ajeno: el voyeur, el testigo, el consumidor. Ninguna es la mía. Yo no estuve allí, ni me nutro del espectáculo, ni lo digiero pasivamente. Escojo una cuarta: el que recuerda y se sabe deudor.
Soldar 180 marcas es pagar, en el único lenguaje que tengo, una deuda que nadie me reclamó pero que me implica. No es venganza, es negarse a que los nombres se disuelvan en el ruido.
LGP-SPG-2026-003
| Material | Acero inoxidable reciclado · pie de madera de olivo |
| Medidas | 59 × 50 cm · pie 20 × 10 cm |
| Año | 2026 |
| Edición | Pieza única · 3 planchas |
| Marcas | 180 marcas soldadas |
| Estado | Disponible |
Tres planchas de acero inoxidable reciclado. 180 marcas soldadas, una por cada niña de la Escuela Shajareh Tayyebeh de Minab, Irán. El número exacto. La obra no habla por nadie — registra para que no se olvide.