V · Paisajes de Guerra
Susan Sontag lo advirtió: no debería suponerse un «nosotros» cuando miramos el dolor ajeno.
Yo no soy ellos. No estuve en Minab aquella mañana. No perdí a un hijo en el aula. Miro desde el taller, desde una distancia que ninguna soldadura puede cerrar.
Pero miro. Y negarse a apartar la vista ya es una forma mínima de justicia.
Las 180 marcas sobre el acero no pretenden hablar por nadie. No son símbolo, no son homenaje. Son un registro material, obstinado, que no se apaga con el siguiente titular.
Hay tres posiciones frente al dolor ajeno: el voyeur, el testigo, el consumidor. Ninguna es la mía. Yo no estuve allí, ni me nutro del espectáculo, ni lo digiero pasivamente. Escojo una cuarta: el que recuerda y se sabe deudor.
Soldar 180 marcas es pagar, en el único lenguaje que tengo, una deuda que nadie me reclamó pero que me implica. No es venganza, es negarse a que los nombres se disuelvan en el ruido.
LGP-SPG-2026-003
| Material | Acero inoxidable reciclado · pie de madera de olivo |
| Medidas | 59 × 50 cm · pie 20 × 10 cm |
| Año | 2026 |
| Edición | Pieza única · 3 planchas |
| Marcas | 180 marcas soldadas |
| Estado | Disponible |
El tríptico medieval era un dispositivo litúrgico. Tres paneles articulados con bisagras, un centro narrativo —Adoración, Crucifixión, Anunciación—, alas que se abrían en los días señalados y se cerraban en tiempo ordinario. Una mecánica de aparición y ocultamiento al servicio de una promesa: el dolor tiene marco, el sufrimiento tiene sentido, la historia se cierra en redención.
180 hereda el formato y le retira la promesa.
Las alas están dobladas a 20° sobre las propias costuras de soldadura. No hay bisagras. El tríptico no se cierra porque la muerte no se cierra. La costura derecha queda abierta, sin cicatrizar. El panel central no narra: contiene 180 marcas de soldadura idénticas, dispuestas en retícula de 5×12. Donde el retablo inscribía el nombre del santo, aquí se inscriben coordenadas decimales —la misma notación con que un misil localiza su objetivo—.
El acero pulido devuelve al espectador su propio reflejo entre las tumbas.
Los retablos medievales prometían la resurrección. Este no promete nada. Solo pregunta dónde estabas tú.
Tres planchas de acero inoxidable reciclado. 180 marcas soldadas, una por cada niña de la Escuela Shajareh Tayyebeh de Minab, Irán. El número exacto. La obra no habla por nadie — registra para que no se olvide.