Mi trabajo toma por nombre Poemas Materiales. El poema se construye, se levanta a través de palabras, y el alma de esa construcción, de ese edificio, es la metáfora. Mis esculturas, en vez de palabras, utilizan maderas y hierros, y su metáfora es cambiar su destino: rescatar su memoria y ofrecerles otra vida.
Pero no era consciente de que todo este trabajo, a su vez, participaba de una filosofía, de una forma de entender el mundo que había plasmado casi paralelamente en un poemario llamado Ul Mör. Un pueblo nómada que habita en un páramo extenso y que va en busca de lugares donde asentarse. Un pueblo que mantiene una conexión profunda con la tierra y al que se unen otros que huyen o que se han perdido.
Cada año levantan un muro alto —el mör— en el que reflejan historias acontecidas durante ese año. Mis esculturas son esas historias, mis cuadros son esas historias, mis poemas son esas historias. Los encargados de construir la pared de la memoria se denominan haj-mör. Yo soy un haj-mör.
El mör como acto de construcción de memoria
En Ul Mör, el pueblo traza sus huellas sobre muros de barro, convirtiendo cada paso, cada vida vivida, en memoria colectiva. Cuando el lugar se vuelve confuso, parten hacia un nuevo amesh (asentamiento) y construyen un nuevo mör. Este ciclo de construcción, memoria y tránsito es exactamente lo que hago con mis materiales: cada pieza de madera de olivo que rescato, cada hierro industrial abandonado, lleva consigo siglos de historia. Fueron árbol, herramienta, función. Al darles nueva forma, honro la memoria de lo que fue para que siga siendo.
La madera que trabajo guarda en sus vetas sequías y tormentas, el hierro conserva la huella de manos que lo usaron. No impongo formas sobre estos materiales; dialogo con ellos, escucho lo que quieren ser. Como los habitantes de Ul Mör, que piden perdón a la madre tierra antes de herir su cuerpo, yo respeto la vida anterior de cada material. Mis esculturas son habitantes de ese universo: los prófugos, los constructores, los niños intérpretes que tejen vínculos entre mundos distintos.
Paisajes de guerra: el mör del soldado
Paisajes de guerra es la historia de este tiempo. Cada cuadro, cada escultura ha surgido para convertirse en memoria y servir de reflexión sobre la destrucción y la miseria. Sobre el odio y la violencia que en su camino no dejan más que más odio y más violencia.
Esta serie conecta profundamente con el origen de Ul Mör: un pueblo formado por soldados desertores, mercenarios y prófugos que renunciaron a las armas. El momento fundacional ocurre cuando Umayo arroja su arco al fuego y «vuelve a ser gente». Mis Paisajes de guerra son el mör de esa memoria como soldado, las huellas de una vida anterior. Son lo que el narrador del poemario lleva dentro cuando dice:
En la noche soy todas las batallas,
las pesadillas son
el último territorio del guerrero.
El hierro retorcido, las composiciones fragmentadas, el metal oxidado que parece herida abierta: todo habla de destrucción y memoria del dolor, lamentos, cicatrices.
De mercenario a constructor
Como escribo en Ul Mör:
Nosotros, ayer mercenarios.
Hoy constructores.
Esta transformación —de la violencia a la memoria, de las armas al arte— es el corazón de mi trabajo. Cada escultura es un trazo en mi propio mör personal. Cada serie (Tierra, Ferrum, las Figuras, Sabotaje, Ecos del Fuego, Paisajes de Guerra) son manifestaciones materiales de esta misma cosmogonía.
«Soy un desertor que aprende a construir.»Mi taller es mi amesh, el lugar temporal donde habito mientras construyo memoria. Y como el pueblo de Ul Mör, que está formado por retazos cosidos de todos los pueblos, mi trabajo acoge materiales olvidados de todas las procedencias y les ofrece un lugar donde no desaparecer.
Solo hay que dejar pasar el tiempo. La memoria permanece en los muros que levantamos.
He pasado gran parte de mi vida disfrutando de la oportunidad de luchar por hacer una sociedad mejor a través de la educación. Dotar a mis alumnos de la herramienta más maravillosa: aprender a hacerse y hacer preguntas relevantes. Esa misma herramienta es la que trato de poner en marcha cada día cuando emprendo un proyecto.
Del poema
El encuentro
Quedamos quietos.
También las bestias
En mitad del páramo
dos hombres aguardaban.
Pies al suelo
Manos en la brida
Hombres curtidos temerosos
Las bestias cabecean
El miedo se espesa
como niebla cerrada.
Uno de ellos alzó la mano
El otro imitó el gesto
y nos animó a avanzar.
Del origen · Ser pueblo
No nacimos pueblo
Éramos perdedores,
náufragos del páramo.
Seremos
si todos somos.
Ser luz:
Una estrella no hace el cielo,
pero sin ella
faltaría su luz.
Somos tránsito
Cambio
Huella.