El fuego arrasa en silencio y con estrépito. No distingue fronteras, no respeta límites, no entiende de nombres ni de memoria. Avanza sobre colinas, barrancos y senderos antiguos, arrastrando consigo todo lo que encuentra: raíces, troncos, hogares, vidas enteras. Allí donde antes latía un bosque ahora queda el eco de lo que fue, la huella indeleble de un tiempo detenido entre cenizas.
El fuego arrasa en silencio y con estrépito. No distingue fronteras, no respeta límites, no entiende de nombres ni de memoria. Avanza sobre colinas, barrancos y senderos antiguos, arrastrando consigo todo lo que encuentra: raíces, troncos, hogares, vidas enteras. Allí donde antes latía un bosque ahora queda el eco de lo que fue, la huella indeleble de un tiempo detenido entre cenizas.